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Ayer
quise terminar con todo sin importar que . . . me subí al tren y me fui.
Estaba en el asiento número 30 del vagón número 11. Por ser mi primer
viaje estaba un tanto nervioso, pero lo de costumbre cuando se hace algo
distinto. Me pongo mis auriculares y prendo el discman, escuchando a
Sabina todo estaba mejor . . . ya me había olvidado de los problemas y de
la decisión que acababa de tomar . . . me tranquilice y me dormí. Soñé
con personajes de fantasías, duendes, dragones, hadas . . . sin hilo, el
sueño de desarrollo pasivo y sin sobresaltos, me desperté sin saber
porque, creo que fue porque mi cuello había estado demasiado tiempo en la
misma posición, entonces gire la cabeza y dirigí mi mirada hacia el
pasillo, antes de cerrar los ojos mire al pasar a las personas, pero me di
cuenta que no había nadie . . . me pareció extraño, así que levantándome
por sobre el asiento de adelante, trate de ver si se veía gente adelante,
pero para mi mayor sorpresa no había nadie . . . muy extraño, ya que
casi siempre van llenos los trenes en esta época . . .me paré en el
pasillo y miré hacia delante y hacia atrás . . . nada de nada . . . me
saqué el discman y empecé a caminar para ver si encontraba a alguien,
nadie en los once vagones . . . ya asustado y casi desesperado abrí la
puerta corrediza que comunica con la locomotora, camine un poco mas hasta
llegar a la sala de mando, y para mi alivio vi una figura . . . el
maquinista durmiendo en una silla . . .me acerco y lo despierto,
sobresaltado se incorpora y me empuja, le explico que soy un pasajero del
tren y que algo había pasado con el resto de los pasajeros. El maquinista
me hace señas que me siente en otra silla enfrentada con la de el, me
siento y el hace lo mismo. Me ofrece un taza de café, y se sirve otra
para el. Tranquilo y pausado me empieza a explicar:
“En
esta época la gente que viaja es muy indecisa, se suben y bajan cuando
quieren” . . . deja la taza y mientras se levanta buscando algo sigue:
“el
problema es que para poder cumplir con los horarios, no puedo para en las
estaciones, así que la gente se va tirando a medida que lo crean
conveniente, la mayoría aprovecha las subidas, donde el tren pierde un
poco de velocidad . . . hay otros prefieren los puentes, y los mas
atrevidos se animan a “bajarse” en cualquier parte del recorrido” .
. . termina justo cuando encuentra un cigarrillo . . . lo prende, se
sienta, y me mira . . . yo le digo, que igual, no entiendo porque no hay
nadie en los vagones . . . haciendo pitadas largas y profundas dice:
“muy
simple, ya pasamos dos pendientes y tres puentes, además si usted se
asoma por la ventanilla vera que estamos a mas de tres mil metros en las
cordilleras, usted es el único que no se bajó y ahora va a tener que
esperar que llegue a destino“ . . . No sabia que decir, la pregunta mas
obvia para hacer era, en donde terminaba, pero antes debía preguntarme,
adonde quería llegar. Paso un rato hasta que me termine el café, el
maquinista se había apartado con su silla y estaba tarareando algo. Sin
mirarme, y como si supiera que lo estaba mirando me dijo, “se puede
quedar aquí conmigo si así lo prefiere o puede regresar al asiento 30
del vagón 11”. . . le agradecí y me puse a observar cada cosa que había
en aquel lugar . . . después
de pasar interminables horas hablando de música, mujeres y lugares
comunes . . . me dijo que nunca nadie que se sube al tren se queda hasta
el final, por eso nadie sabe si hay final . . . me aconsejó en varias
oportunidades como hacer y en que lugar poder “bajarme” del tren, pero
no me pareció ni el lugar ni el momento, así que seguí por varios días
mas haciéndole compañía, y tratando de averiguar donde terminaba el
recorrido este tren tan fuera de lo común. Estudié varios mapas que
encontré, pero todos terminaban y la línea ferroviaria seguía mas haya
. . . no entendía mucho, peor tampoco me cuestionaba demasiado, aunque
sea eso era mejor que lo que tenia antes . . . al día 83 de viaje, me
cansé de la sala de mandos y me dediqué a caminar y explorar todos los
otros vagones, desde los de primera clase hasta el vagón 11, deambulaba
pensando y tarareando canciones que nunca había escuchado. Sabiendo que
debía hacer algo, pero sin saber que era, seguí caminando vagón tras
vagón . . . el tren parecía eterno, seguían pasando las horas y no
llegaba al ultimo vagón, hasta que al atardecer llegué al último, el
vagón 365 . . . al entrar ya el aire parecía distinto, tenía otra
iluminación y hasta parecía que el paisaje había cambiado . . . fui
hasta el final contento, sentía que algo había pasado, abrí la última
puerta y salí al pequeño balcón . . . el tren iba muy fuerte y se sentía
el aire puro de las montañas . . . pero parecía como un lugar mas llano
. . . a la izquierda de la puerta había un banquito . . . en el banquito,
sentado bien en contra de la baranda estaba el maquinista . . . sin
dejarme decir palabra alguna, me dijo: “ ya estamos llegando” . . .
sabía que era cuestión de tiempo para darme cuenta adonde llegaríamos .
. . sin
preocuparme, me puse mis auriculares y prendí el discman, comenzaba a
sonar Sabina, todo estaba
mejor . . . ya me había olvidado del asiento 30 en el vagón 11, de los
83 días y los 365 vagones del tren . . . el tren empezó a frenar, iba
perdiendo velocidad muy lentamente . . . y mientras me dormía alcance a
divisar que el tren llegaba a una bahía donde a lo lejos se veía un gran
faro que iluminaba la costa . . .
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